Notas para un Concierto
WIGMORE HALL 2006
 
Contemplando los muchos años que han pasado desde que di mi primer concierto en el Wigmore Hall, reflexiono sobre cuanto ha cambiado el mundo, de tantas maneras, entre ellas la manera en que la presentación y el disfrute de la música flamenca son ahora fenómenos tan naturales y extensos. No fue así en esa época; el flamenco era sin duda conocido por menos aficionados de la música que hoy día, y se presentaba sobre todo en forma de baile espectacular (el baile maravilloso y espectacular que sigue siendo), en vez de demostrar igual el valor de la guitarra solista como forma de música plena y valiosa en sí. El Wigmore Hall fue entre las primeras instituciones clásicas del mundo de la música en ver y reconocer ese valor y ofrecerlo a sus públicos, y quisiera decir que me siento privilegiado haber sido beneficiario de esa visión.
 
Pero si el mundo ha cambiado, y no cabe duda que así es, relacionado con ese reconocimiento de la belleza profunda de la música flamenca, ese acontecimiento, hace tantos años, cuando por primera vez me acogieron en el Wigmore Hall, también fue un momento fundamental para mí personalmente, en al menos dos sentidos.
En primer lugar, el mero hecho de tocar en ese lugar, sobre ese escenario, intentando expresar, con sólo mi guitarra, los elementos de mi cultura musical, que tradicionalmente incluía el acompañamiento de cantaores y bailaores, fue un gran cambio para mí. Había tomado una gran decisión, la situación para mí fue aterradora y el resultado fue imprevisible!
Al fin de cuentas salió bien, gracias en gran parte al apoyo y el calor que recibí tanto de los empleados como del público en el Wigmore Hall. Desde entonces, he intentado lograr el mismo objetivo de expresar lo que yo veo como la verdadera esencia del flamenco, sea tocando solo o con mi compañía.
 
La otra revelación trascendental de ese día fue descubrir que el flamenco, como yo lo presentaba, es decir, sin pretensiones pero sencillamente así como yo verdaderamente entiendo esa música, como yo la había recibido de mi propia tradición, resonaba con el público! Yo había contado con esa reacción, pero al hacerse realidad durante el concierto, me hizo tan feliz de manera que determinó el camino que he seguido desde entonces.
 
Volviendo a esta sala estupenda, sigo con el mismo enfoque. Mi concierto consiste en una variedad de piezas solistas para guitarra basadas en, y extraídas de, formas distintas de cante o baile procedientes del repertorio flamenco tradicional que aprendí durante mi infancia y adolescencia.
 
Empiezo con una GRANAINA, una pieza reflectiva que explora las sonoridades de manera calma y lírica, sin seguir un ritmo específico, es decir, que pertenece a la categoría de piezas flamencas llamadas ‘toques libres’, formas ‘ad libitum’ que tienen su origen en el baile antiguo español llamado ‘fandango’.
 
A seguida y en contraste, unas ALEGRIAS, un baile (y cante) rítmico y animado nacido en Cádiz.
 
Luego unas TARANTAS, otra forma ‘libre’ llena de intensidad y emoción, quizás a causa de su origen entre los trabajadores de las minas del este de Andalucía.
 
SOLEARES, el ‘palo’ (la forma) favorito de la mayoría de aficionados del flamenco. Tiene la capacidad de expresar una variedad de emociones intrínsecamente relacionadas con las características esenciales del flamenco.
 
Los TIENTOS. Un ritmo suave, profundo y muy expresivo que invita un cante apasionado. TANGOS es el punto culminante que alienta al baile.
 
La PETENERA es un estilo flamenco derivado directamente del folklore. En su encarnación antigua fue un ritmo bastante alegre presentado por la comunidad, que más tarde asumió un carácter más serio, sobre todo a través la voz de la gran cantaora Pastora Pavón “Niña de los Peines”
 
El ZAPATEADO es un baile que ofrece la posibilidad de mostrar la virtuosidad del bailaor. El título de esta pieza, (Maestro Mario) da homenaje a un gran amigo mio y un gran maestro de la guitarra, Mario Escudero, quien compuso la pieza sobre la que se basa este arreglo.
    
MALAGUEÑAS es otra forma ‘libre’ procedente de Málaga. También tiene su origen en otras formas de fandangos de un carácter más rítmico llamados ‘verdiales’, que introduzco como culminación de la pieza.
 
FANDANGOS DE HUELVA. Esta variación del fandango es quizás la más popular y común. El ritmo fuerte y llamativo se destaca aún más por el acompañamiento del cajón, instrumento percusivo, de mi buen amigo y bailaor principal en mi compañía, ANGEL MUÑOZ.
 
BULERIAS . Por excelencia, el baile y el cante de la fiesta. Demuestra una especie de explosión de ritmos complejos (observen el acompañamiento con el cajón de Angel Muñoz) y de una felicidad que le hace realmente única de carácter, y absolutamente esencial en una reunión flamenca festiva.
 
Paco Peña