Introducción de Paco Peña
Cuando, en 1988, fuí invitado a escribir, por primera vez, una obra de contenido religioso para el Wratislavia Cantans Festival, me invadió un cúmulo de sentimientos: sentí honor, por supuesto una gran alegría y, al mismo tiempo, cierta trepidación y sobrecogimiento (por no decir miedo a secas!)
 
Sentía honor de que el flamenco, la música que había aprendido de mis propias raíces y que con el paso del tiempo se había convertido en nada menos que mi razón de ser, recibía con esta invitación la oportunidad de compartir programa y plataforma con otros trabajos y grupos musicales de enorme prestigio en otras parcelas del campo musical, esencialmente el clásico.
 
Temor por el gran respeto y amor que siento por las dos culturas, clásica y flamenca, lo cual me enfrentaba al ineludible compromiso de tener que conseguir un trabajo que hiciera amplia justicia a ambas.
 
 Me enamoré de la idea inmediatamente. Siempre he pensado que existe en la voz del cantaor una ardiente sinceridad, una pasión que lanza mensajes desde lo más adentro de su ser, repletos de contenido emotivo y desplegando una gama de sentimientos humanos básicos y profundos. El cantaor flamenco no canta una historia; su cante parece que rebusca en sí mismo lo mejor de su sensibilidad, lo extrae y nos lo entrega a todos los que escuchamos… o a nadie… o al aire, la naturaleza, o quizás a Dios mismo…
 
Así pues, para mí, el flamenco se manifiesta en parte como una experiencia espiritual, y siento que es apropiado utilizarlo como vehículo para buscar acercamiento con Dios, en el contexto del rito de la Misa Cristiana.
 
La adaptación de la Liturgia de la Misa para convertirla en cantes flamencos requirió realizar algunos cambios en los textos escritos. Esto lo pude llevar a cabo con la ayuda y consejo de varios amigos, notables miembros del Exmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba: a saber, D. Valeriano Orden y D. Juan Moreno, Vicario General y Arcediano de la Diócesis, respectivamente. Mi sincero agradecimiento a ellos por su valiosísima ayuda.