Introducción de Paco Peña
El flamenco, aún procediendo de una tradición folklórica, se ha convertido, en su desarrollo, en un arte complejo, que se desenvuelve entre una gama de emociones fuertes del ser humano; así, no le es extraño el intentar acercarse a algún proyecto musical que por otra parte podría resultar algo sorprendente para algunas personas, dada la percepción normal de este arte. Un tal proyecto es este Réquiem Flamenco. En realidad, posiblemente yo no hubiera nunca pensado en componerlo, a no ser por los ‘empujones’ y cálidos impulsos del Coro del Festival de Salisbury, y especialmente su director, Howard Moody, después de nuestras colaboraciones previas con Misa Flamenca. 
 
Si bien la pieza goza de la participación de un coro clásico, no deja de ser una obra flamenca y así la mayoría de sus partes están estructuradas como formas flamencas. Básicamente, pues, el coro canta flamenco, aunque en alguna ocasión me he dejado cautivar por la belleza natural del sonido clásico del coro y he dejado que éste predomine.
 
Al escribir la pieza he seguido en general la estructura tradicional de la Misa de Réquiem, incluyendo la casi totalidad del poema ‘Dies Irae’, que he adaptado para ‘letras’ de cantes flamencos; sin embargo, cuando supe que el tema genérico del Festival de Salisbury 2004 era “In praise of Earth’ ó ‘En reconocimiento o alabanza a la Tierra’, me encantó la coincidencia, ya que me siento personalmente fuertemente ligado a esa idea y pensé que podía aprovechar la oportunidad para así afirmarlo en mi trabajo. 
 
Inmediatamente busqué la ayuda de mi querido amigo, Peter Bunyard, gran experto en el tema, que como siempre, se prestó felizmente a colaborar conmigo, por lo cual siempre le estaré muy agradecido. Me facilitó material propio y también otros escritos, incluídos algunos de Homero, de todo lo cual he extraído la mayoría de los temas que componen esa sección del Réquiem. Aunque el título de la pieza sigue siendo fiel a su contenido, no cabe duda de que la inspiración procede de más de una tradición, incluídos los aires pre-cristianos y los temas de Homero que me facilitó mi amigo Peter. 
 
La humanidad no tiene más remedio que confiar, para su supervivencia y su felicidad, en la tierra y en los recursos que ella encierra. Está claro que tenemos que alabar a la naturaleza pero también que tenemos que asegurarnos de protegerla de los abusos a los que la estamos sometiendo. Un simbólico día de ‘Juicio Final, condena y castigo’ es quizás lo que se puede esperar de la Madre Naturaleza por algunas de nuestras actividades; puede que hasta lo estemos ya empezando a experimentar en la actualidad! 
 
Me interesa proclamar estos conceptos, pero al mismo tiempo quiero expresar la esperanza de que alguna cordura nos invada, para dirigir nuestras acciones en el futuro. No olvidemos que el futuro es de nuestros descendientes, nuestros niños, y un niño, en definitiva, aspira a participar de aquello que ‘va a venir’; de aquello que existe, por supuesto, pero también de lo que existirá más tarde. Es mi ilusión pensar que esa feliz continuidad, ese sentir de optimismo pueda también ser experimentado al escuchar la música.                                                                                                            
                                                                                                                                                                                                                             
Paco Peña